Turismo con fecha de caducidad

En la meca del capitalismo, todo se puede convertir en un negocio. Incluso las catástrofes ambientales, como el cambio climático. Algunas compañías de viajes ya ofrecen rutas por algunos maravillosos parajes naturales en vísperas de desaparición hospedandose en maravillosos hoteles y con las mejores condiciones. Se ha creado un mercado alrededor del “turismo de la fatalidad”, que incluye visitas al Polo Norte o las Maldivas, cuyos paisajes, al menos como los conocemos ahora, podrían desaparecer en los próximos años.

Al parecer, este tipo de turismo está registrando un crecimiento espectacular. Por ejemplo, las reservas para una ruta por el Ártico con la agencia Quark Expeditions se han doblado de cara al próximo año.

El cambio climático y el calentamiento del planeta se han convertido en un tema clave de preocupación pública, apoyado por sólidos informes científicos, estudios económicos y una creciente cobertura mediática. Para el turismo, el cambio climático no es un evento remoto, sino un fenómeno que afecta ya al sector en diferentes entornos y destinos, desde las regiones polares hasta las islas tropicales, las montañas, las costas, las zonas áridas, los lugares del patrimonio, etc.

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A pesar de que estos viajes se presentan a los consumidores bajo la etiqueta de “ecológicos”, las organizaciones ecologistas creen exactamente lo contrario, que están contribuyendo adestrozar el hábitat que pretenden preservar. Si algo tienen de verde las agencias que montan este tipo de viajes, sería su amor por el dólar. Por ejemplo, el dióxido de carbono que emite el avión que transporta a los eco-turistas al Amazonas aumenta el efecto invernadero responsable, en parte, de la destrucción de su ecosistema.

Sin embargo, los defensores del turismo ecológico creen que la situación es a menudo la inversa: los turistas pueden contribuir al mantenimiento de los parajes que visitan.

De hecho, es posible que la causa que mueve a esta nueva categoría de turistas no sea muy diferente a la de los viajeros de siglos anteriores: el traspasar la frontera de lo ya experimentado. Simplemente, como ahora es imposible ser el primero en llegar a algún recóndito lugar de la Tierra, se trataría de ser el último.